"La
Revolución es una siembra, la hierba mala del capitalismo se arranca de raíz y
sobre el suelo liberado se planta el futuro".
El verso del
poeta y teórico Liova Libequec resume de manera genial al hecho revolucionario.
Es una guía que supera los mejores intentos de compendiar el camino al futuro,
debería estar inscrito en el frontispicio de todos los recintos de dirección.
Continúa el poeta:
"La siembra de lo nuevo debe ser profunda,
como los cultivos de las rosas que se clavan en los corazones. Si la semilla
queda expuesta en la superficie, no habrá cosecha".
Advierte claramente que la "Revolución debe
ser revolucionaria", las convulsiones de la superficie sólo son
fatigas sin provecho.
Los poetas, los de verdad, tienen una sensibilidad
especial: son capaces de oír sinfonías en los colores del atardecer y conversar
con los caracoles que yacen en la arena. Cuando un poeta es político, como
Neruda, hay que leerlo con devoción de Biblia, y atenderlo como a un oráculo.
Concluye Libequec:
"Sembrar vientos justos, radicales para cosechar
moral y luz, los cultivos mezclados son vientos protervos, producen oscuras
tempestades".
La poesía de Libequec es más importante quizá que sus
escritos teóricos, recordemos que fue dirigente de la fracción “socialistas
revolucionarios” del Partido Bolchevique que en 1925 quedó en medio de la
confrontación entre trotskistas y estalinistas. Aquellos días eran más
propicios a la expresión de la musa que al rigor teórico. La poesía podía
interpretar mejor el momento aciago.
Nosotros vivimos en un torbellino, en medio de un
huracán de tensiones del alma, de fuerzas que ignoramos pero nos influyen, de
pasados que procuran parir futuro, y de muchas dudas y pocas certezas. En este
miasma de la historia debe resurgir el Edén, o puede instalarse definitivamente
el averno. No sabemos cuál será el camino de esta sociedad atormentada, de lo
que estamos seguros es que la poesía de los buenos será luz del camino.
Este verso extraviado en los meandros de la historia
revolucionaria llegó a nosotros traído por las tolvaneras de la Revolución
Mexicana , parece que allá vivió Liova en los días del asesinato de
Trotsky y el esplendor de Frida. Este verso debería ser lección para la masa
bolivariana y sus dirigentes.
El momento que vivimos es un privilegio, se avecinan
batallas decisivas para Venezuela y para la humanidad. Este pueblo y su
dirigencia serán puestos a prueba: sabremos si somos un pueblo malcriado,
incapaz del sacrificio que construye futuro, si la narcosis de la abundancia
nos dañó a tal punto que nos quitó el vuelo alto.
O si por el contrario, demostraremos que el espíritu
de Bolívar trasciende los monumentos y se erige en el corazón de este pueblo
reviviendo el temple de la Independencia.
En las próximas horas se medirán los hombres: si son
roble o son engreído estiércol, si asombraremos al mundo o el mundo se burlará
de nosotros y nos tendrá la consideración lastimera que se le tiene a un ebrio.
¡Con Chávez sembraremos vientos buenos!