Las elecciones
burguesas fueron diseñadas para mantener la dominación burguesa, a ellas
concurren variados matices de la causa oligarca, éstas se acusan, denigran,
montan un teatro que da idea de cambio, cuando en realidad todo permanece.
Estas elecciones son muestra de la perfección de la
dominación capitalista, en ellas se despliega el poder mediático sumergiendo a
la sociedad en el cretinismo. Se prepara así para un nuevo período de
dominación que dura hasta la próxima elección, hasta la siguiente inoculación
de parsimonia, de esfuerzo sin sentido de cambio. Se consigue así una imagen de
estabilidad que nadie se atreve a romper. El cambio debe esperar hasta la
próxima elección, cuando la Revolución, ya sin chance, pueda lanzar su oferta a
un electorado ya embobecido.
El mecanismo funciona muy bien, aunque a veces falla,
y la Revolución amenaza con ganar, a veces lo hace y desplaza a los
representantes de la oligarquía, entonces la calidad de las elecciones cambia:
ya no son un juego entre burgueses, donde los revolucionarios son meros adornos
aceptados, actores con el papel de villanos, ahora son campo bélico. Allí se
manifiesta la lucha feroz de la oligarquía desplazada por detener la
posibilidad revolucionaria.
Inmediatamente que una posibilidad revolucionaria se
instala en el poder, la oligarquía desplazada decreta estado de guerra, abre
hostilidades, todos los ámbitos de la vida social son teatro de operaciones, la
audacia del cambio debe ser aplastada de manera cruenta, se debe establecer un
precedente, Allende nos lo recuerda.
Si la Revolución es pacífica, si tiene que mantener el
sistema electoral durante un largo periodo, éste se constituye en el principal
terreno preparatorio de la agresión violenta. Se valen de
su poder narcótico y su tradición de cretinismo para acumular fuerzas, agrupar
descontentos, debilitar el intento revolucionario y ensayar alzamientos.
Esta Revolución nuestra, con todas sus elecciones, sus
muestras de amplitud, su alto talante democrático, si alguna crítica le cabe es
la de ser muy permisiva, clemente, esta Revolución, a pesar de su
comportamiento ejemplar, siempre ha estado bajo la amenaza de golpe, nunca ha
sido aceptada como un gobierno democrático, siempre se le ha acusado de
tiranía, terrorismo, narco, etc. Difícilmente un gobierno ha estado tan
asediado como este de Chávez.
Esta es la visión que los revolucionarios deben tener
de las elecciones burguesas, son preparación para un ataque del enemigo, y
deben ser preparación para la defensa de la posibilidad revolucionaria.
No podemos comportarnos como si esta fuera una
elección entre socios oligarcas, con una propaganda similar a la de un producto
que se introduce en el mercado ¡No! Nuestra participación en las elecciones
debe tener un alto contenido de ideología, de preparación para el día después
de las elecciones, alertar sobre el futuro, organizar a la sociedad de manera
que sea capaz de construir, de entender la nueva visión del mundo, de defender
el derecho a ser dueña de su rumbo, consciente de sus adversidades, y fuerte en
la hora de resolverlas.
¡Venezolanos Chavistas!
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