24.8.06

LA CONCIENCIA DE MI AMIGO

Tenemos un amigo que trabaja vendiendo libros en un puestico debajo de un elevado de la capital. El sitio es agradable e invita a la tranquilidad de la lectura curiosa. Para este fin, dispone de unas sillas amables frente a dos estantes, que no por viejos dejan de cumplir su función.
Nuestro amigo inicia actividades bien entrada la mañana, y finaliza su día cuando la noche aconseja buscar lugares más seguros. Si vende libros está bien, pero si no vende también es bienaventurado, para él lo más importante es la conversación literaria y las discusiones históricas. Produce poco, y consume poco. Podríamos decir que es un hombre que consiguió un sitio y una profesión que le permite ser feliz, en lo que cabe en un mundo como este.
Por aquí iba la historia y la vida de nuestro amigo, hasta que llegó un benefactor y le propuso un microcrédito, de esos que dan los bancos públicos solidarios. Desde ese día todo cambió: nuestro apacible vendedor de libros se transformó en un empresario, “gerente de un Holding” compuesto de un pequeño depósito que funciona como clínica del libro, un cibercafé con seis computadoras obsoletas, una casa vieja que compró en Calabozo con el fin de montar una sucursal, una cooperativa familiar que pretende vender textos a ministerios y entes adscritos. Ahora piensa expandirse y comerciar tequeños en las Antillas menores y mayores.
Ayer lo vi, usa paltó y corbata, zapatos puliditos. Lejos quedó el de la vestimenta cómoda, sandalias y franelitas, y defensa a ultranza del Socialismo y de Chávez. Se transformó en un “magnate” que estudia marketing en los encartados de los diarios, se lamenta de que no se consigue a nadie que trabaje con fundamento, para él todos son flojos que lo quieren robar, se horroriza de la caída de la Bolsa de New York, ya no combate a la oposición, no va a manifestaciones porque no tiene tiempo, cree que Chávez no debe buscar tanto pleito a Bush, y es partidario de la convivencia.
Sus “empresas” son ficticias, meros sueños sustentados en préstamos sin retorno, que lo único que producen es conciencia egoísta. Hasta aquí el cuento de nuestro amigo, que se transformó de pobre, en pobre con conciencia de empresario.
Esta historia es la de muchos venezolanos, y llama a la reflexión: ¿Este amigo está ahora más cerca de convertirse en el hombre nuevo que soñó el Che? ¿Es en esta conciencia de empresario, obligatoriamente egoísta y mentirosa, donde soportaremos el Socialismo del siglo XXI? ¿Es este el camino de la construcción de una sociedad guiada por la conciencia del deber social? La discusión está abierta, aún hay tiempo...
¡Sólo el Socialismo salva al pueblo!
¡Son diez millones!
¡Chávez, Fidel, el ALBA, y la conciencia del deber social, son Socialismo!

No hay comentarios.: