16.7.11

¡UNIDAD, UNIDAD, QUE PELIGROSA ERES! (Sábado 16-07-2011)

En política la unidad es de tan difícil manejo como en la guerra lo es la retirada. Un buen General se evalúa por su capacidad de retirarse, por saber cuándo y cómo hacerlo. Un buen político se mide por su capacidad de construir unidad, por saber cuándo, cómo y con quién hacerla.

Los ejércitos rusos fueron sabios en la retirada, y así pudieron vencer al gran Napoleón. Stalin retiró las fábricas más allá de los Urales y los alemanes sucumbieron ante el “General Invierno”. El Libertador marchó a Oriente y preservó la llama de la Independencia. Zamora dio muestra magistral del uso de la retirada, y Santa Inés todavía se estudia en las escuelas de estrategia militar.

La caída de Pérez Jiménez es una muestra de buen uso de la Unidad y simultáneamente de su uso desastroso.

Al principio del enfrentamiento se planteó la unidad de todas las fuerzas políticas enemigas de la dictadura, se formó un gran frente, la gloriosa Junta Patriótica que guió la lucha para derrocar la dictadura. Hasta aquí el buen uso de la Unidad, Fabricio fue su símbolo.

Después de derrocada la dictadura se abrió un nuevo paisaje político, las fuerzas y los proyectos que representaban pugnaban por establecer hegemonía. Y aquí surge el uso perverso de la unidad: los revolucionarios mantienen la consigna “unidad” sin definición, y los burgueses, los socialdemócratas, sabios en su accionar, se plantean la unidad sólo de los socialdemócratas y excluyen a los revolucionarios, nace así el pacto de punto fijo: los revolucionarios insisten en la unidad de todos, sin distingos ideológicos, construyendo una derrota que costó medio siglo de oscuridad. He aquí un mal uso de la unidad.

Hay varias enseñanzas en todo esto. Veamos.

Primero la unidad no es un beneficio "per se", su uso depende de las circunstancias y de determinadas condiciones, previo a la unidad debe haber un deslinde ideológico, se forman así los núcleos duros de la unidad: los enlazados por objetivos estratégicos. En el caso del 23 de Enero del 58, esos núcleos debían ser los revolucionarios por un lado y, en la acera de enfrente, los socialdemócratas.

Se pueden hacer alianzas tácticas entre bandos con diferentes metas estratégicas, pero serán sólo circunstanciales, alrededor de objetivos bien definidos. En este caso es necesaria una densa atmósfera de estudio, de delimitación ideológica que propicie una fuerte trinchera de ideas en el campo revolucionario.

Hoy, cuando la unidad es necesaria, debemos aprender de la historia, es imprescindible intensificar el estudio, el deslinde ideológico, retomar las definiciones, abandonar la superficialidad que produce extravíos.

La unidad debe ir acompañada de una elevación de la discusión ideológica, ésta debe hacerse con altura, yendo a las ideas, no personalizarlas. El Socialismo debe dejar de ser una palabra que sirve para salir del paso, un adjetivo que legitima cualquier cosa, cualquier actividad, y debe convertirse en un territorio de rigurosa construcción teórica y práctica.

¡Sin Socialismo no hay Chávez y sin Chávez no hay Socialismo!

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