1.8.10

LA ESTRATEGIA

En la guerra es definitiva la construcción de estrategias y tácticas adecuadas. No es tarea fácil, los dos términos se confunden, se traslapan, a veces no les damos importancia, los subestimamos. Veamos.
Estrategia puede definirse como el gran objetivo, y táctica serían los objetivos pequeños que nos conducen al objetivo principal.
Clausewitz, ese genio de la guerra, nos dice: “Se deduce la existencia de dos acciones completamente distintas: la disposición y conducción de los combates y el combinarlos entre sí para el objetivo de la guerra. La primera constituye la Táctica, a la segunda la llamamos Estrategia”.
Una guerra sin estrategia sería, como dijo Torrijos, un “ardillismo, hacer mucho sin hacer nada, un esfuerzo máximo, pero sin dirección”.
Y una estrategia sin táctica es parálisis. La estrategia y la táctica se entrelazan, pero es la acertada estrategia la que determinará el éxito.
Lo anterior es cierto en la guerra convencional, pero en la Revolución pacífica, la acertada definición de la estrategia y su conocimiento por el pueblo, cobran importancia de vida o muerte.
A una estrategia justa y nítida no habrá derrota táctica que la afecte de manera vital. Recordemos Alegría de Pío, allí una derrota devastadora no se convirtió en una derrota estratégica, y el objetivo grande, el fin, que era el Socialismo, salió incólume. Expliquemos.
Desde el Asalto al Moncada, que tenía la intención de ser un motor pequeño que movilizará la conciencia del pueblo, ya la Revolución Cubana había entendido que el componente principal de una Revolución es la conciencia, el espíritu del pueblo, es allí donde se escenifica la guerra estratégica.
La inmensa pérdida de Alegría de Pío no afectó la conquista de la conciencia popular, así el objetivo estratégico se preservó. Luego el trato respetuoso y humanitario a los prisioneros potenció la conquista del alma de los humildes. Los éxitos militares se enmarcaron en esa estrategia, fue así que los barbudos se hicieron leyenda, y el objetivo estratégico se cumple hasta el día de hoy.
El 4 de febrero fue similar: una derrota táctica en términos militares convencionales, preservó el objetivo estratégico, despertó al pueblo humilde del letargo de medio siglo.
El diseño de una correcta estrategia en esta época tiene sus leyes, una de ellas, quizá la principal, es: La estrategia, debe estar bien definida, debe ser conocida por el pueblo, y su centro debe ser la espiritualidad, el humanismo, sólo así podrá la idea revolucionaria enamorar al pueblo y conducirlo. Es apropiado recordar el poema de Benedetti, “Táctica y Estrategia”, donde después de explicar su táctica de enamoramiento concluye así:
Mi estrategia es /que un día cualquiera / no se cómo ni se /con qué pretexto / por fin me necesites.
El Socialismo será invencible si lo mostramos al pueblo en toda su dimensión humanista: sociedad integrada en la economía y la conciencia. Sólo así podremos producir el corrientazo del amor, esa es la táctica y la estrategia, así un día cualquiera el pueblo, por fin, necesitará al Socialismo.
¡Sin Chávez no hay Socialismo!

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