El evidente pacto entre la Revolución
y el capitalismo, el camino desarrollado en los últimos meses, tenía que traer
consecuencias políticas, no podía ser de otra manera: la cultura, la política,
la espiritualidad, la organización, todo forma un solo cuerpo social cuyo
centro es la relación económica.
La alianza del capitalismo con la
Revolución no es simplemente un hecho económico, impacta en el espíritu social,
lo modifica y, más allá del deseo de los dirigentes, exige cambios en la manera
de ver al mundo. Los operadores de la acción del gobierno comienzan a actuar en tono a las
nuevas vibraciones que les llegan desde las instancias superiores.
El capitalismo exige cambios en lo
económico y también en lo político. Ahora la marcha al Socialismo se
transforma en retórica, como un vestido que se usa en determinadas ocasiones. Así,
"el Socialismo es nuestra meta, pero después de una transición que durará
siglos", "todos somos iguales, pero unos más iguales que otros".
Ahora "lo que importa es proteger al capitalismo, a las inversiones
extranjeras". Ahora "habrá paz", "los medios oligarcas no
harán más escándalos, no habrá más crímenes en sus páginas".
Quien no esté de acuerdo es un
extremista execrable, un "intelectual", las opiniones en contrario
son "basura que debe salir del aire". No debe oírse, escribirse nada
disonante. Sólo son aceptadas las voces del coro.
Es así, se comienza a perseguir lo
que segundones interpretan como notas discordantes: la crítica, el pensamiento
insumiso. Y lo hacen de soslayo, con excusas, sin dar la cara, carecen de
argumentos. Las excusas son variadas pero todas apuntan a una
desvalorización de las ideas, de la teoría, del pensamiento, lo que vale es la
práctica, el agite, no importa adónde conduzca, quizá, sólo quizá, con esa
evasión mantengamos a la Revolución como el avestruz.
El Grano, por supuesto, es un objetivo
de este torbellino: hemos sufrido un duro ataque. Veamos.
El programa de radio que por más de
diez años manteníamos en la Radio Nacional, fue sacado del aire. Y lo hicieron
con sutileza: "no nos dijeron perro pero nos mostraron el tramojo".
Nos cambiaron de horario, esto en el ambiente radial es un despido indirecto.
El horario, la sintonía de un programa, forma parte de su patrimonio
espiritual, labrado a través de años de constancia, de trabajo amoroso, tocarlo
es una puñalada en la espalda, no se debe hacer sino por causas
extraordinarias.
Pero vayamos a lo más importante. Con
estas actitudes, ¿qué camino transita la Revolución? Creemos firmemente que
este expediente de persecución de las ideas nos lleva a la derrota. Hoy es el
programa, mañana será el Grano escrito, después el capitalismo exigirá reducir
el control del Estado, luego participación en el gabinete, y, finalmente, esa
es su naturaleza, exigirá la Presidencia.
Nosotros en el Grano seguimos creyendo
que la suerte de esta Revolución está ligada a la suerte de Maduro. Lo apoyamos
con irreverencia, criticando duro, señalando los errores, apoyándolo a pesar de
estos.
Nunca traicionaremos las banderas que enarbolamos hace más de medio siglo,
preferimos el Silencio.