29.3.07

LA PASIÓN

La pasión es indispensable e insustituible en la Revolución. Cuando un Pueblo adquiere la pasión revolucionaria, es decir, cuando la Revolución se transforma en un asunto vital, entonces se pueden superar todas las carencias. Por el contrario, cuando un Pueblo pierde la pasión revolucionaria, cuando el fervor popular es ahogado por otros sentimientos, valores y pasiones, entonces, la Revolución se pierde, se extingue.

La pasión de la gente tiene que ver con la actividad de los dirigentes revolucionarios, o mejor, la actividad de los dirigentes revolucionarios, su responsabilidad, es estimular la pasión revolucionaria en la población. Y de allí depende el éxito de la Revolución.

¿Cómo saber por donde anda la pasión del Pueblo?

Una buena medida de la pasión popular es oír de qué habla la gente, qué lo preocupa, qué lo llena. Y sobre todo qué lo moviliza. Veamos.

Nosotros no vamos a decir lo que hemos oído en la conversación del Pueblo, siempre sería parcial. Nos limitaremos a plantear lo que creemos sería la pasión revolucionaria, de lo que debería hablar el Pueblo revolucionario, de las cosas por las que estuviera dispuesto a dar su esfuerzo diario y hasta su vida si fuese necesario. Por lo tanto, es deber del gobierno revolucionario de sus motores y de todos los revolucionarios estimular esa pasión.

Recomponer la sociedad como una sociedad del amor.

Sustentar esa sociedad del amor en una economía de propiedad social.

Luchar contra el capitalismo como el mayor obstáculo a las dos pasiones primeras.

Luchar por la construcción del Socialismo como única manera de conquistar las dos pasiones primeras.

El internacionalismo: entender que si no ayudamos a la humanidad donde quiera que esté, no podremos construir una sociedad amorosa, por el contrario seremos una sociedad comida por el egoísmo.

El antiimperialismo: la pasión de la lucha antiimperialista como la lucha internacional contra el capitalismo.

Defender la Patria como el territorio grande que Bolívar nos enseñó a amar, con su ejemplo de guerrero mundial, territorio que alcanza cualquier territorio donde el hombre aún sea lobo del hombre. Repetir con Bolívar, Martí y el Che: La Patria es América, Patria es Humanidad, Patria es Revolución, y repetir junto al Comandante Chávez: Patria Socialismo o Muerte.

Defender al Comandante Chávez como el símbolo de las mejores luchas de este Pueblo, y de las posibilidades reales de ir hacia el Socialismo.

Si el Pueblo es capaz de vibrar por estas pasiones la Revolución está garantizada, pero en la medida que estas pasiones son sustituidas por valores egoístas, capitalistas, la Revolución se nos escapará de las manos.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

¡Luchemos contra los valores capitalistas egoístas!

¡Que la Revolución sea una pasión!

13 TEÓRICO

La decisión en cuanto a la forma de propiedad hegemónica de los medios de producción, no es un asunto meramente económico. La decisión es política, y determinará el rumbo de la Revolución. No es cosa de juego o de caprichos teóricos.

La Revolución Bolivariana corre grave peligro, está siendo víctima de una arremetida más peligrosa que abril o el sabotaje petrolero, y amerita como respuesta un 13 teórico. Esta agresión pasa desapercibida y recluta adeptos en nuestras filas, sus propugnadores se mueven frescos y libres en nuestro campo, blandiendo sus agresiones disfrazadas de socialismo. Expliquemos.

En los últimos días presenciamos una embestida de desinformación y manipulación de las tendencias neocapitalistas, que intentan truncar la posibilidad Socialista de la Revolución Bolivariana. Plantean un capitalismo que viene envuelto en una retórica falsosocialista, que llega a la desfachatez de desnaturalizar el Manifiesto Comunista y poner a Marx y a Engels como paladines de la propiedad privada de los medios de producción. Plantean estos teóricos de pacotilla, que: “El Estado debe reservarse la propiedad de los medios de producción estratégicos, incluyendo a la energía, agua, gas, tierras (…) Aquel sector empresarial que acepte el desafió de renovar su vocación productiva para ponerla al servicio de la satisfacción de las necesidades reales de la población, entonces podrá contar con los incentivos del Estado, exoneración fiscal, transferencia de tecnología” …

Esto nos lleva directo a un capitalismo salvaje, por este camino terminaremos en un TLC igual al de Colombia. Veamos.

Primero, ¿qué es eso de vocación productiva de los empresarios capitalistas? Sólo palabrerío sin sentido y, además, pensar que pondrán su capitalismo al servicio de otra cosa que no sean sus ganancias, pensar que las pondrán al servicio de las necesidades reales de la población, no tiene otro nombre que engaño.

Segundo, creer que en un sistema híbrido el capitalismo respetará la línea, y que será confinado al corral que estos “ideólogos” le designen, es desconocer la voracidad insaciable de la fiera capitalista.

Tercero, las formaciones capitalistas, y más si son incentivadas por el Estado, crearán conciencia capitalista. O peor, reforzarán la conciencia egoísta que nos acompaña desde el inicio de la nacionalidad, y harán imposible la instauración de la conciencia socialista, esencia de la Revolución.

La hora es de alerta máxima, cuando estamos cerca de enrumbarnos definitivamente hacia el Socialismo aparecen estos extravíos que, sin dudas, conducen al Pueblo a la incertidumbre de la incoherencia, y en definitiva a la derrota de la Revolución.

No podemos darnos licencia para fracasar, tenemos una responsabilidad con este Pueblo, el Continente y la Humanidad, de demostrar que un mundo diferente al capitalismo es posible, que la especie tiene esperanzas. Tenemos el compromiso histórico de construir la referencia socialista, de acompañar al continente en la creación de un polo social.

¡Hagamos el Socialismo ahora, no hay excusas!

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

26.3.07

EL ACTO DE LOS PROPULSORES DEL PSUV

El acto de los propulsores fue bonito. Histórico, sin dudas. Allí se inició una nueva etapa de la Revolución: la concreción de la indispensable organización única, y también se afirmó la unidad de los que aceptamos al Comandante como líder y al Socialismo como meta.

Del acto se desprende una difícil tarea que se despliega en diferentes planos, el organizativo es uno de ellos, y va resolviéndose bien. El entusiasmo existe, el Pueblo está allí esperando que los dirigentes que de él nacieron señalen la marcha hacia la formación de la organización y hacia la concreción del Socialismo.

Sin embargo, es preocupante la debilidad en un campo muy importante, la teoría: los discursos previos al Comandante demostraron desprecio por el rigor teórico, y una alarmante justificación de la improvisación y la superficialidad.

Si no comprendemos que la fase de transición al Socialismo, es una etapa que reclama utilizar bien todo el acervo del pensamiento revolucionario para producir la teoría de la transición, y que esta fase de transición es más difícil que la fase de la toma del poder, si no recordamos una vez más que una Revolución tendrá la fuerza y la calidad de las ideas que la sustentan, si no recordamos todo esto y actuamos en consecuencia, estamos destinados a ser pasto de derrota. Veamos un ejemplo:

Un orador en el acto que comentamos, trasladaba mecánicamente, dogmáticamente, un pensamiento del Manifiesto que reza: “la época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado”.

Este orador deduce dogmáticamente, sin asidero en la realidad, que en Venezuela sólo hay una clase, la clase trabajadora, y proclama que en Venezuela todos somos trabajadores.

Se salta a la torera a los capitalistas, pero esto no es lo grave, mete en un mismo saco a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los excluidos, a los obreros, y hasta a los buhoneros, aquellos que Carrera insiste en el disparate de calificar de lumpen.

En el teatro el discurso retumbó bonito, pero es un peligroso uso populista de la teoría.

El peligro reside en que al no diferenciar correctamente las clases, no podemos diferenciar las ideologías, y así nos privamos de la ideología de la clase obrera, que independientemente de su existencia y comportamiento, debe dirigir a toda Revolución Socialista.

No diferenciar las clases y sus ideologías, es caer en las garras de las falsificaciones pequeño burguesas, el tremendismo y localismo marginal, o el dogmatismo rancio.

El acto dejó enseñanzas, la necesidad de rigor teórico fue la más importante.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

23.3.07

¡EDUCAR CONSTRUYENDO!

La Revolución no puede detenerse. A pesar de todas las dificultades, de todos los obstáculos, la Revolución debe discutir y construir el Socialismo. Veamos.

Venezuela es un país muy singular y excepcional, cuyo Pueblo ha padecido los vicios y descomposiciones provenientes de la cultura instalada en cien años de renta petrolera administrada por debilidades sumisas al imperio.

La Revolución Bolivariana encontró un país saqueado, una mayoría excluida, una elite oligarca con pasaporte americano, una clase media transculturizada, todos sometidos a miseria espiritual y material.

Los valores morales y éticos que sustentaban esa situación que permitía al imperio hacerse con la renta, a otros pocos con las migajas y llevaba al resto del país al abismo, eran la fragmentación social. Cada quien resolvía como podía, el Estado, al servicio de los oligarcas, abandonó a la sociedad. La noción de sociedad fue cambiada por la de viveza, el trabajo por la riqueza fácil, unos buscaban abrevar del gobierno, mientras otros, en la misma línea, buscaban ganarse el kino. El trabajo trocó su valor de formación de humanidad por depredación que había que evitar, o por simulación que había que actuar. El valor del hombre se medía por el carro y la vestimenta, unos consumían y otros soñaban con consumir, unos compraban cosas inútiles y otros las buscaban por los caminos verdes.

Esos días vivimos sumergidos en nubes de opio imperial.

La tarea principalísima de la Revolución es la sanación de la sociedad víctima del capitalismo rentista, para eso debemos modificar la economía y sustituir los valores, la conciencia capitalista que nos enferma. Es necesario rescatar el sentido de sociedad.

Iniciar un proceso intenso de sanación, que debe ser al mismo tiempo un proceso de construcción del Socialismo. Sólo el Socialismo sana, sólo adquiriremos nuevos valores trabajando como sociedad, obteniendo triunfos en el trabajo como sociedad.

Con ese fin planteamos la creación de escuelas de trabajo. Proponemos la construcción de fábricas que tengan poco personal de planta, y donde el grueso del trabajo sea abordado como una Acción Social Voluntaria. Expliquemos con un ejemplo.

Una fabrica de “x” producto: su construcción y su funcionamiento estarán a cargo de una institución, por ejemplo un ministerio, y será a su vez una escuela donde el contacto voluntario con la producción prefigurará la relación humana que restituirá la noción de sociedad, restaurará los valores de la solidaridad, del amor y sustentarán al Socialismo, dando cada uno según su capacidad, distribuyendo el producto en la sociedad de acuerdo con el principio de necesidad.

Estás Fábrica-Escuelas contribuirán a irradiar los nuevos valores, invitarán a nuevas Acciones Sociales Voluntarias, al aprendizaje, a la curación en la práctica, rescatarán el valor del trabajo humanizado que, como decía el Che, dejará de ser una compulsión y será un acto de amor.

¡Sin el Comandante, no hay Socialismo!

¡Sin propiedad social y conciencia social, no hay Socialismo!

¡Sin organización unida de los socialistas, no hay Socialismo!

¡Sin Socialismo no hay esperanzas!

EL REFLEJO

La pugna política es, en última instancia, reflejo de la pugna económica. Lo que se percibe en la esfera política, las peleas, las declaraciones, renuncias, referéndum, todo lo que allí pasa es eco de un movimiento que sucede en las entrañas de la economía.

Siendo así, en la Revolución Bolivariana, proceso que busca puertos de estabilización, lo fundamental serán las nuevas relaciones económicas que se establezcan. Expliquemos.

La Revolución Bolivariana consiguió estremecer el alma popular con la rebelión del 4 de febrero. A partir de esa fecha el Pueblo fue despertando, hasta que en el 98 el sistema de dominación encarnado en el pacto de punto fijo se derrumbó, y la nación entró en la zona de turbulencia caracterizada por una pugna feroz entre Revolución y contrarrevolución.

La corta trayectoria desde el 98 hasta nuestros días, ha estado signada por esta pugna. Todas las acciones que en este período sucedieron son expresiones de ella: miquelena, abril, el sabotaje petrolero, el revocatorio, también las misiones y el ALBA. Todas esas acciones son expresión de la batalla entre Revolución y contrarrevolución, por imponer cada una su proyecto económico.

Sólo podemos entender a cabalidad la pugna política de la Revolución Bolivariana, si la relacionamos con los diferentes proyectos que yacen en el fondo de ella.

En un principio el enfrentamiento económico fue entre el proyecto capitalista globalizador neoliberal, enganchado de manera franca a la economía del norte, opuesto a un proyecto nacionalista, honesto, con alto contenido humanista, afincado en un capitalismo filantrópico. Abril y el sabotaje petrolero fueron las cúspides de este enfrentamiento.

A partir de allí, y ya con el control sobre la renta, se empieza a desarrollar el proyecto económico de una pequeña burguesía fantasiosa y anarcoide: aparecen la cogestión, las cooperativas como paradigma, las empresas recuperadas y otras formas pseudosocialistas. Simultáneamente aflora el desarrollo de un nuevo capitalismo nacional que ocupa un porcentaje elevado del crecimiento económico. Junto a esta situación, la espiritualidad socialista se desarrolla principalmente jalonada por el Comandante con su discurso antiimperialista y anticapitalista, y su labor internacional de solidaridad con la América.

Así llegamos al 3 de diciembre que fue una derrota política del proyecto globalizador neoliberal.

A partir de la reelección la pugna económica es entre el fracasado proyecto pequeño burgués fantasioso y anarcoide, enfrentado al proyecto neocapitalista de aroma nacional desarrollista, que ha acumulado capital durante la Revolución.

Al proyecto neocapitalista no le es difícil desplazar al fracasado proyecto pequeño burgués, y estabilizar en un capitalismo que pretende humano, la turbulencia que comenzó el 4 de febrero.

Ante esta situación los revolucionarios tienen una tarea principal:

Dotar al discurso del Comandante Chávez de su correspondiente base material, construyendo formas económicas realmente socialistas, cimientos de conciencia y política socialista.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

LA BATALLA DE HOY

Con el último desgajamiento socialdemócrata, apareció en el centro de la discusión el argumento de la propiedad de los medios de producción.

En el fondo, detrás de todo el parloteo de los tres que hoy abandonan el barco socialista, lo que se embosca son las divergencias sobre la propiedad de los medios de producción. Veamos.

Los antisocialistas saben que este punto es vital para la marcha revolucionaria, que en la propiedad se decide el destino del Socialismo y hacia allí dirigen sus misiles mefíticos. Desinforman, mienten, atacan.

¿Por qué es imprescindible la hegemonía de la propiedad social para construir el Socialismo? Precisemos.

La propiedad social de los medios de producción sólo es posible bajo la administración del Estado.

Es imprescindible porque es la única manera de abolir la esclavitud moderna, donde los hombres convertidos en mercancías son obligados a venderse, a vender su tiempo vital para poder subsistir.

Es así, la meta última del Socialismo, es la abolición de la forma moderna que ha tomado la esclavitud, en esencia la misma que Bolívar calificó de la peor de las infamias.

Mientras persista la situación, donde unos hombres puedan comprar el tiempo vital, el trabajo de otros hombres, condición que es el fundamento del capitalismo, de cualquier capitalismo, no habrá libertad, democracia, ni realización individual. En resumen, seremos una sociedad miserable lejos de la felicidad.

Sólo con la propiedad social de los medios de producción es posible que el trabajo adquiera su condición de realizador del humano.

Cuando el trabajo del hombre enriquece a toda la sociedad y no a una porción de privilegiados, cuando la riqueza producida socialmente es propiedad de toda la sociedad, es posible la distribución con equidad: a cada uno según su necesidad. Se acaba con la división del trabajo y la explotación, porque el trabajo de cada uno pertenece a toda la sociedad, y el trabajo de toda la sociedad pertenece a cada uno. Así, el poeta hace poesía para todos, el campesino labra la tierra para todos, el pescador, el obrero, el intelectual, todos se benefician, todos comparten el trabajo de todos.

Sólo con propiedad social de los medios de producción, es posible la planificación y así potenciar la economía, superar el azar del mercado que despilfarra energía social por la incertidumbre de las necesidades. La producción pasa a estar determinada por las necesidades humanas y no por las apetencias de lucro de unos pocos propietarios.

La conciencia social que emerge con la Revolución Bolivariana, debe entrelazarse con la propiedad social, para juntas formar el Binomio Socialista, cimiento de la nueva cultura amorosa, rescate de la condición humana.

Allí se da la batalla de hoy, los nosocialistas, en sus variadas formas, desde el partido de rosales, hasta los socialdemócratas que abandonan el navío socialista, presentan batalla en estos dos campos. Siembran valores éticos y morales propios del capitalismo, y en lo económico sabotean la propiedad social.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

22.3.07

¿CUÁL ES EL FRENTE PRINCIPAL?

Es de vital importancia saber ubicarse con precisión en el frente principal de la gran batalla entre oligarcas y socialistas. El frente principal varía con el desarrollo de la confrontación. Veamos.

En diciembre el frente principal era el electoral, antes en el saboteo petrolero fue el combate popular, lo militar ocupó primer lugar en abril. Si las fuerzas revolucionarias se plantan en un escenario de distracción, corren peligro de fracasos.

¿Cuál es la situación hoy en Venezuela?

La derrota de la oligarquía opositora en diciembre trajo como consecuencia que el capitalismo tradicional quedara sin representación política, la disputa política se trasladó al interior de la Revolución Bolivariana. Los últimos desprendimientos son expresión de esas tensiones internas. Por su parte, la oligarquía opositora se esfuerza por recomponerse en lo político, sin mucha suerte todavía.

El anterior análisis aunque verdadero, es incompleto. Expliquemos.

La confrontación entre Revolución y oligarquía, entre capitalismo y Socialismo no se agota en lo político, la derrota política es parcial y asimilable por el enemigo. La derrota concluyente, sería una derrota en lo económico y en la conciencia, y hacia allá precisamente se movió el frente principal de la batalla.

Si analizamos los últimos sucesos económicos percibiremos los signos de la confrontación: por un lado, el Estado queriendo controlar al capitalismo, pretendiendo que éste se porte bien, tal es el caso de la carne, y por el otro, el sector capitalista usando sus viejas artimañas: escondiendo productos, cuestionando la legalidad de las leyes con las que el Estado pretende controlarlos, quebrando carnicerías, subiendo los precios, evadiendo controles, presionando de mil maneras.

No hay dudas, el capitalismo se resiste en lo económico, y muchas veces con éxito, al avance del Socialismo. Esto se ve con nitidez en el sector alimentación, la empresa privada por un lado ayudada por sus medios de deformación crea imagen de desabastecimiento, de ineficacia, y por el otro se propone para resolver el problema, ya coquetean con Mercal.

Dan la sensación de que la sociedad a través del Estado es incompetente, y que necesita a la empresa privada para resolver los problemas sociales. De aquí se deducirá, entonces, que el Socialismo no es viable, que lo posible es un capitalismo humano. Ya las grandes empresas nacionales, como Polar y Banesco emprenden costosas campañas mediáticas mostrando sus obras sociales, dan la imagen de poder desarrollar labor filantrópica que equiparan a las Misiones.

La manipulación está consumada, el espejismo se ofrece a la opinión pública: la empresa privada capitalista resuelve, el Estado revolucionario, representante de la sociedad es ineficaz. La empresa privada es eficaz, la pública es ineficaz. Conclusión: ¿Para qué Socialismo?

La lucha contra la arremetida económica y ética del capitalismo es el frente de batalla principal, porque allí se debilitan los fundamentos del Socialismo. Entonces, hacia allá debe ir nuestro mayor esfuerzo.

La batalla sólo se gana construyendo Socialismo, en lo material y lo espiritual.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

21.3.07

SOCIALDEMOCRACIA AL DESNUDO

Desde que el Comandante Chávez inició el debate sobre el Socialismo, afloraron diversas posiciones. Veamos.

En particular resaltan quienes defienden un Socialismo como el francés o el español. No aceptan ninguna amenaza a la propiedad privada de los medios de producción ni a la democracia representativa oligarca. Afirman que es necesario construir una nueva elite empresarial “patriótica” y “socialista”. Son los más críticos del llamado “Socialismo de Estado”. En pocas palabras, pretenden un Socialismo sin tocar el capitalismo. Socialismo estéril, eunuco, que pretende ser una “hoja de parra” para relanzar un capitalismo remozado bajo un antifaz socialista.

La idea de erigir un Socialismo con las relaciones económicas y valores del capitalismo no es nueva. Es la esencia de la tradición socialdemócrata que se agotó desde hace décadas. ¿Qué gobierno socialdemócrata condujo al Socialismo a lo largo de la historia? ¿CAP, Francois Miterrand o Felipe González?

Intentar conducir la Revolución Bolivariana por el sendero socialdemócrata es un fraude. Es meter el capitalismo de contrabando. Ahondemos.

El “Estado nacional” fue un formidable invento del capitalismo para aupar la propiedad privada, que en su forma más acabada constituyó el capitalismo de Estado. No hay nada más estatista que el capitalismo: “un estado para el capital y el mercado”. ¿Hubo un capitalismo más estatista que el venezolano? Pero los mercaderes socialdemócratas nunca se pronunciaron contra el capitalismo de Estado, más bien siempre fueron sus adalides. Su consigna es: “Todo el Estado al capital”. Estado para el capital, sí, para la propiedad social, no.

Es de la mayor relevancia desnudar el parapeto socialdemócrata. El Socialismo es el reino de lo social sobre lo privado, única forma de realización plena de la individualidad. Cuando la socialdemocracia hace un punto de honor en la defensa de la propiedad privada de los medios de producción, muestra su esencia oligarca y nos traslada a un falso problema. El Socialismo nunca y en ningún lugar fue la eliminación total de la propiedad privada. Socialismo es la hegemonía de la Propiedad Social y la subordinación de lo privado a los intereses de la sociedad, proceso que siempre tendrá que adecuarse a las condiciones específicas de cada momento histórico.

Otro punto de honor de la socialdemocracia Bolivariana, es la defensa de una supuesta democracia, y este tema merece una columna especial. Pero adelantemos, ¿Cuál democracia defiende la socialdemocracia? ¿La democracia revolucionaria o la democracia para el capitalista?

El “Sociocapitalismo” socialdemócrata no necesita Pueblo, ni conciencia, ni movilizaciones. Le interesa una masa inerte e inculta, incapaz de movilizarse concientemente en pos de conquistas socialistas. El socialdemócrata, más allá de la retórica, rechaza el control popular, las elecciones por las bases, la rendición de cuentas frente a la población. Necesita vaciar la Revolución de Pueblo con conciencia, para ahogarla en un marasmo de instituciones ineficientes y burocráticas, sólo útiles a los intereses del capital.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

¡La socialdemocracia no es Socialismo!

¡Hagamos el Socialismo, no hay excusa!

20.3.07

SOCIALDEMOCRACIA NO ES SOCIALISMO

Cuando el Comandante, en el Aló Presidente del domingo 18 de marzo, habló de la unión de los socialistas y la actitud de algunos partidos remolones a la unidad, introdujo un elemento teórico que eleva el nivel de la discusión. Veamos.

El Comandante fue a las profundidades del problema cuando dijo que esos partidos tenían una conducta socialdemócrata, y añadió con firmeza: “socialdemocracia no es Socialismo”. A partir de esas palabras el problema de la unidad dejó de ser un asunto de conducta personal, y entró en el ámbito de las ideologías que se disputan la hegemonía de la Revolución Bolivariana. Es por lo tanto saludable refrescar las tendencias que se mueven en el campo bolivariano. Revisemos las más importantes:

Primero, tenemos las posiciones que el Comandante calificó de socialdemócratas, gruesos contingentes de esta posición se han desprendido a lo largo del camino, y con los últimos acontecimientos, continúan desprendiéndose.

Segundo, encontramos las posiciones desarrollistas, con sus varias formas de presentación, que plantean estimular un capitalismo nacional, acompañado de un Estado que realice grandes obras de infraestructura que apuntalen ese capitalismo.

Tercero, las posiciones revolucionarias que verdaderamente creen posible ir hacia el Socialismo, sin remilgos, sin excusas, y están fuertemente fundidas con esta posibilidad y por ella luchan. Son los que hacen suya la consigna de “Patria, Socialismo o Muerte”.

Las dos primeras posiciones, la socialdemocrática y la desarrollista, por supuesto no son socialistas, son variantes del capitalismo, enemigas del Socialismo.

Las dos son espectros del pasado, entrampadas en un mundo globalizado en el que no son posibles las economías capitalistas nacionales independientes, en un mundo que reclama urgente un polo socialista, capaz de librarse del designio del norte.

Estas posiciones antisocialistas tienen cada una su expresión política, se enfrentan entre sí, luchan por la hegemonía, suman fuerzas, se alían con otros sectores, se nutren del erario.

Hoy con la negativa de esa fracción de la socialdemocracia de ir a la organización única, los revolucionarios debemos hacer esfuerzos teóricos y prácticos para que esta situación no sea una victoria de la corriente socialdemócrata-desarrollista, sino una oportunidad de avance del Socialismo.

Debemos profundizar esta Revolución Socialista, entender que la Revolución es un cambio profundo en la cultura, y que todas las acciones deben ir dirigidas a establecer este cambio cultural. Debemos profundizar.

Necesario es agruparnos, jugar cuadro cerrado alrededor de las siguientes ideas:

Primero, fortalecer la organización única de los socialistas.

Segundo, reactivar la consigna de “con Chávez todo sin Chávez nada”.

Tercero, discutir con irreverencia dentro de la Revolución, manteniendo la fidelidad en la acción.

Cuarto, construir la hegemonía de la propiedad social de los medios de producción.

Quinto, estimular la conciencia del deber social.

Sexto, movilizar al Pueblo. El Pueblo debe participar en todas las tareas que el Socialismo requiera, esta es la única manera de ganar la gran batalla cultural que es la Revolución.

¡Con Chávez todo, sin Chávez nada!

¡Combatamos los extravíos del camino socialista!

19.3.07

LA FACTURA DEL DIABLO

Parece, muchos signos así lo indican, que la marcha hacia el Socialismo se interrumpe, se extravía en un tremedal de discusiones y distracciones banales. Los dirigentes dan muestras de no entender la gravedad del momento y se consumen en la miopía que naufraga los procesos redentores.

Se comportan como si este proceso tuviera opción diferente al Socialismo. Usan variadas formas para evitar avanzar, falsifican al Socialismo, o, con descaro, lo remiten a épocas futuras que se pierden en la bruma de los tiempos.

Ante esta situación cabe una pregunta: ¿Cuál sería nuestro futuro sin el Socialismo? Veamos.

Venezuela tiene grandes problemas sociales: los niños de la calle, la marginalidad, poca producción, egoísmo, inseguridad, vivienda, etc. La Revolución Bolivariana ha hecho grandes esfuerzos por resolver estos problemas, se han dado importantes pasos hacia la dignificación de los humildes. Con la Revolución los desposeídos tienen voz, se saben queridos por el Estado, ya el desprecio acompañado de represión es cosa del pasado, ahora el humilde se reconoce con derechos y los ejerce. En resumen, la Revolución despertó al Pueblo, le creó expectativas, y tiene el deber de conducirlo a terrenos de verdaderas soluciones.

La solución no está en el capitalismo, insistir en el camino capitalista es suicida para la Revolución. La única vía es el Socialismo, porque lo que ha fracasado es la cultura capitalista. La solución a los problemas sociales no es posible sin una sustitución cultural, y eso sólo es posible construyendo el Socialismo que es, en esencia, una nueva cultura.

Insistir en la vía capitalista es hacer un pacto con el diablo, y el diablo capitalista tarde o temprano nos pasará la factura. El cobro de la factura sería inevitable, lo que queda por ver es qué forma adoptaría.

Puede ser en forma de jacquerie, de motín: la energía popular frustrada estalla en millones de iras individuales, que sumadas constituyen una gran ola que produce sólo destrucción y deja constancia del fracaso de la dirigencia, tal como el 27 de febrero.

O puede presentarse como fascismo, similar al Chile de pinochet.

Habrá otras posibilidades, no obstante, lo único seguro es que el pacto con el diablo capitalista, tarde o temprano pasa la cuenta.

La hora es de grandes posibilidades revolucionarias y también de gran peligro: vivimos encrucijada fundacional. Es deber de los revolucionarios desechar mezquindades, agruparse alrededor del Comandante y de las ideas del Socialismo, y junto al Pueblo avanzar.

Es necesario ir al Socialismo con fuerza, con exceso, si nos equivocamos que sea por exageración. Que el país, el continente y el mundo sientan que este Pueblo se empinó y con decisión se lanzó por el camino del Socialismo. Que el mundo oiga y sienta nuestra marcha triunfal.

¡Sin el Comandante, no hay Socialismo!

¡Sin propiedad social y conciencia social, no hay Socialismo!

¡Sin organización única de los socialistas, no hay Socialismo!

¡Sólo el Socialismo es Revolución!

¡El Comandante es Socialismo!

¡Sin Socialismo no hay esperanzas!

16.3.07

EL TRABAJO

Una sociedad será como sea su relación con el trabajo, para quién se trabaja, cómo se distribuye la riqueza, el avance de la tecnología.

Esa relación con el trabajo determina una espiritualidad, es allí, en esa espiritualidad, donde se desarrolla la batalla entre revolucionarios y conservadores.

La Revolución al principio revoluciona la espiritualidad dominante, y en la turbulencia creada avanza. Pero la revolución sólo se puede estabilizar en una nueva relación con el trabajo, sólo desde allí puede crearse la nueva cultura revolucionaria. Entonces, es imposible darle densidad, profundidad a una revolución, sin cambiar la relación con el trabajo.

En una Revolución como la nuestra, destinada a convivir por largo tiempo con una clase media transculturizada, con una oligarquía capitalista que posee medios importantes para difundir sus valores y sus paradigmas, donde la riqueza proviene de la renta y el capitalismo es la forma hegemónica en la conciencia, en una Revolución como la nuestra, que tiene lugar en un país con una clase obrera débil y una gran población excluida, todos sometidos durante años y siglos a la lluvia mediática, como dijo Bolívar, todos abusados en nuestra credulidad, en una Revolución así, es necesarísimo darle soporte real a la espiritualidad revolucionaria, que ha avanzado en la turbulencia de los primeros años con las misiones, con los discursos del Comandante, con los combates de abril y de diciembre.

Proponemos como fundamentales en esta necesidad de construir una nueva relación con el trabajo, las Fabricas-Escuelas, de propiedad social, donde se ejerzan las Acciones Sociales Voluntarias. Fabricas-Escuelas cuya construcción y operación descanse en el trabajo voluntario. Fábricas-Escuelas irradiadoras de la espiritualidad revolucionaria, de la conciencia del deber social, motores de nuevas zonas de espiritualidad y materialidad revolucionarias.

La labor de estas fábricas debe ser difundida, convertida en paradigmas revolucionarios. Deben ser soporte real, práctico, de la Nueva Moral y las Nuevas Luces revolucionarias.

Desde allí podemos hablar y mostrar la nueva relación de hombres que ofrendan su trabajo para el bien social, que con su actitud combaten el egoísmo y construyen la relación amorosa.

Desde allí podemos expandir las nuevas relaciones socialistas al resto de la economía. Serán demostración del hombre del futuro, que trabaja sin la compulsión de la necesidad, del hombre que hace del trabajo una actividad que lo eleva como ser humano, como ser social.

Esa estructura iluminará a todas las actividades de la sociedad. La militancia en la organización política se refuerza con la ética y la moral que de ese ejemplo emana. Será referencia para los consejos comunales, los núcleos endógenos tomarán un tinte social, y la sociedad toda empezará a reconocerse a sí misma, a regresar de la fragmentación.

Las Fabricas-Escuelas son academia para la formación del Hombre Nuevo, de la nueva sociedad.

¡Sin el Comandante, no hay Socialismo!

¡Sin propiedad social y conciencia social, no hay Socialismo!

¡Sin organización unida de los socialistas, no hay Socialismo!

¡Sin Socialismo no hay esperanzas!

MOVILIZAR PARA EDUCAR

La Revolución es en esencia educar en los nuevos valores, en la nueva moral. Sustituir los valores del egoísmo que fragmentan la sociedad, por los valores del amor que la integran. He allí el centro de la razón revolucionaria: volver a ser una sociedad de humanos, y dejar atrás el conglomerado de excluidos, de piezas de producción y de consumo en que el capitalismo nos ha convertido.

Este es el objetivo de la Revolución, no hay otro, no hay sustituto a este objetivo, nada lo suplanta, por eso los logros que no conduzcan a esta meta, en realidad, no son logros sino espejismos del desarrollismo. Las acciones que no avancen hacia este objetivo, no son acciones revolucionarias.

El mundo necesita un ejemplo, una demostración real de que un sistema diferente al capitalismo es posible, y en Venezuela hoy tenemos la posibilidad y la responsabilidad de materializar esta esperanza. Es nuestro deber como Pueblo dar ese ejemplo al planeta. Necesitamos concientizarnos de nuestra responsabilidad, pensar y actuar en grande, desprendernos de las mezquindades que amenazan con extraviarnos.

En los días que corren enfrentamos un gran peligro: El Acomodamiento. Los dirigentes no pueden dejarse atrapar por la rutina mental, no pueden caer en el discurso sin reflexión, o en la pereza de sólo transmitir de forma vacía lo que viene de arriba, y transformar el discurso en un cascarón fatuo que se repite año tras año como una música monótona.

El dirigente y las organizaciones dirigentes, que son la expresión política del Pueblo, deben cumplir con su deber que es dirigir. Para eso deben hacer del estudio el centro de su acción, y de su acción el centro de su estudio. Crear, ser un sujeto activo dentro de la Revolución, y no un sujeto pasivo que sólo espera órdenes para mal transmitirlas.

El discurso debe transformarse en movilización social concreta, sólo así haremos Revolución. Esta es la clave de la educación revolucionaria: Movilizar para Educar. El Pueblo revolucionario debe participar en todas las acciones revolucionarias, las pequeñas y las grandes, ningún asunto es aislado, todo nos compete a todos.

Un ejemplo:

El Comandante hace una gira continental, un gran esfuerzo para enfrentar el imperio en todo el territorio de Nuestra América. Nosotros aquí, y esto de verdad da pena, debimos hacer la mayor manifestación antiimperialista de que se tenga noticia en el continente y, en lugar de eso, estábamos discutiendo si el partido nos convenía o no. Cada uno confinado en la mezquina parcela de su interés burocrático.

Lo grave de esta situación, es que el Pueblo se está desvinculando de sus dirigentes, está perdiendo contacto con el alma de la Revolución, lo estamos dejando solo en manos de los valores y de los creadores de conciencia capitalista.

¡Sin Chávez no hay Socialismo!