18.1.07

¡AUTÉNTICO!

La realidad se impuso y la discusión se tornó inevitable en el campo bolivariano. Los recientes planteamientos del Comandante y las medidas que de ellos se desprenden, hacen impostergable el tomar decisiones. El territorio para la ambigüedad se estrecha.

Los diferentes componentes del campo bolivariano se ven forzados a entrar en territorios de definición.

Sin embargo, todavía hay mucha confusión y profusión de términos sin contenido. Ahora todos somos socialistas, pero pocos precisan con rigor qué significa eso. Sus definiciones “socialistas” difieren poco de los postulados capitalistas, se podrían intercambiar, son semejantes, sólo varían en la palabra socialista, que usan y abusan como una suerte de disfraz.

Las preguntas que surgen son:

¿Cuál es el Socialismo auténtico? ¿Cómo guiarnos en esta ciénaga de imprecisiones y camuflajes?

Lo primero es entender que el Socialismo es un sistema social que supera al capitalismo. De allí que no se puede ser socialista sin ser anticapitalista. Quién pretenda ser capitalista y socialista simultáneamente, es un engañado o un engañador, un iluso o un pícaro.

Son sistemas incompatibles, aunque en determinadas circunstancias, en alguna parte del camino, pareciera que conviven. En realidad siempre entre ellos se escenifica una feroz lucha de enemigos irreconciliables. Y es la posición que se tome en esta lucha, lo que nos define como socialistas o como capitalistas.

Entonces, no se concibe un socialista que simultáneamente sea capitalista, así como no se concibe un socialista que no sea antiimperialista, internacionalista, bolivariano, cristiano.

Pero, aún nos falta precisión ¿Qué es lo que define al Socialismo?

El Socialismo, para ser Socialismo auténtico, debe tener como fin último la integración de la sociedad que ha sido fragmentada por el capitalismo y el rescate de la conciencia del deber social, todo fundamentado en la propiedad social de los medios de producción. No hay atajos, sobre esa estructura básica caben todas las variaciones, fuera de esa estructura el Socialismo se desdibuja, se diluye hasta transformarse en sarcasmo.

Hoy en Venezuela tenemos una invalorable oportunidad de emprender el camino hacia el Socialismo auténtico. Y estas oportunidades vienen siempre aparejadas de una suerte de inventivas distraccionistas, maquilladoras, deformadoras, que tienen como finalidad extraviar la esperanza.

El Socialismo falsificado se conoce porque se nombra socialista y su práctica es capitalista. Se dice socialista, no obstante propone medidas capitalistas, teme a la propiedad social y a la conciencia social, y la escamotea.

Cuando nos disponemos a recuperar lo que la cuarta privatizó, vociferan su acuerdo, aunque de inmediato lo condicionan. Deben recuperarse, pero ¡no para la propiedad social administrada por el Estado! indispensable para fundamentar al Socialismo auténtico. Presurosos proponen formas disfrazadas de propiedad capitalista, de propiedad nosocial, de sólo una parte de la sociedad, que son base material del capitalismo.

Siempre están atentos para falsificar al Socialismo, para sabotear el camino. Por supuesto, en esta guerra sutil, también saldrán derrotados.

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo! ¡Auténtico!

17.1.07

ESTE ESTADO

En Venezuela la política revolucionaria ha sido hondamente influenciada por la pequeña burguesía. Se podría decir que en el último medio siglo la angustia revolucionaria perteneció a esta clase social.
La gesta libertaria del sesenta fue marcada profundamente por la dirigencia pequeña burguesa. Con la derrota vino la diáspora ideológica:
Unos, simplemente saltaron la talanquera, allí está teodoro, representante de este segmento de dirigentes que no tuvo perseverancia y migró a los servicios del enemigo, ahora anda cabalgando mentiras blancas y conciencias negras.
Otros, escépticos, se fueron a rumiar en su mundito las nostalgia del triunfo que fue huidizo.
Algunos, los más radicales, se refugiaron en doctrinas anarcoides, de discurso intenso y práctica suave.
Todos transitaron el camino de la improvisación y la flexibilidad teórica, vendieron los libros clásicos a los mercantes de usados, y se dedicaron a buscar la Revolución por los rincones.
Así llegamos al milagro chavista, que fue, sin dudas, el segundo debut para gran parte de esta pequeña burguesía. De la noche a la mañana se vieron en posición de influir en una Revolución. Y, no podía ser de otra manera, desplegaron su arsenal de doctrinas diletantes y distraccionistas. Veamos.
Lo que proponen está teñido de anarquismo. La esencia del anarquismo es la negación del Estado, es decir, son enemigos del Estado, del Estado de ayer y también de este de hoy.
Esta corriente anarcoide, que oscila entre usufructuar el poder y minar al Estado, no entiende, no puede entender, los cambios que ha producido la Revolución Bolivariana. No perciben este Estado como un Estado diferente al de la cuarta, que representaba a la oligarquía y al imperio, lo siguen percibiendo como un Estado enemigo, y por supuesto no distinguen las necesidades del momento.
Actúan como enemigos de este Estado, que es representante de los humildes y esperanza de revolución. Lo sabotean desde adentro con las proposiciones que hacen y en los rumbos nefandos que proponen para la Revolución.
Hoy, con el asunto de la concesión de Radio Caracas y la socialización de la CANTV, afloran y germinan los planteamientos de esta pequeña burguesía, tratan desesperados de impedir que el Socialismo de un paso importantísimo.
Saben que la decisión que se tome marcará rumbos definitorios para esta Revolución, por eso sacan todos sus recursos marrulleros para impedir que la sociedad sea propietaria de estas empresas. Falsifican la propiedad social de los medios de producción, base material ineludible del Socialismo.
Estos pseudorevolucionarios en este afán llegan hasta el descrédito abierto del Estado, de este Estado. Argumentan que no sabe, que no debe administrar. Paradójicamente, abren así camino a las privatizaciones.
Se olvidan de la Radio Nacional de Venezuela, ejemplo paradigmático de buena radio, del Canal 8, el mejor Canal de Venezuela, de Telesur. Y se olvidan de PDVSA como ejemplo de empresa exitosa, propiedad de la sociedad, eficientemente administrada por el Estado.
¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!
¡Propiedad social de los medios de producción, base material del Socialismo!


16.1.07

¿QUÉ?

En la discusión acerca del Socialismo del siglo XXI, todos en el campo bolivariano declaran estar de acuerdo con este sistema. Esta unanimidad es rara: es paradójico que en un proceso como el nuestro, inédito, audaz, enfrentado, no haya discordias, diferencias de criterios, discusiones abundantes sobre los pasos a dar en esta etapa fundacional. Es raro, muy raro.

No obstante, si vamos a un nivel más soterrado y escuchamos lo que se cuela entre dientes, en declaraciones enmascaradas, en escritos de poca divulgación, allí si se dejan ver conceptos y argumentos que de verdad discuten, cuestionan, al Socialismo. Aparece lo que andábamos buscando: la polémica, la discusión ¡Bienvenida! Y que salga a cielo abierto.

Una Revolución se caracteriza, se enriquece, por los temas que discute y la seriedad de esa discusión. En contraste, la discusión tímida y con sordina, no nutre el debate y dificulta la elaboración que le dará el indispensable piso teórico a la marcha hacia el Socialismo.

Es necesario discutir las interrogantes fundamentales de este camino hacia el Socialismo que emprendemos con fuerza y esperanza. Mencionemos algunas:

¿Es posible el Socialismo?

¿Es posible un capitalismo social?

¿Qué pensamos sobre la propiedad de los medios de producción?

¿Qué pensamos sobre la manera de impulsar la conciencia del deber social?

¿Qué pensamos sobre la batalla cultural entre los valores socialistas y los valores capitalistas?

¿Qué pensamos sobre la relación con las formas capitalistas existentes?

¿Qué pensamos sobre la viabilidad del Socialismo en nuestro país rentista?

¿Qué pensamos sobre la necesidad de estimular al capitalismo?

¿Qué pensamos sobre los aspectos técnicos, filosóficos, políticos, económicos, de la reforma constitucional?

¿Qué pensamos sobre el partido único-unido?

¿Qué pensamos sobre el Poder Popular?

¿Dónde, cómo, con qué estamos formando al hombre nuevo?

¿Dónde, cómo, con qué estamos deformando al hombre nuevo?

Estos son algunos de los ¿Qué? No son nuevos, se han repetido, con variantes, en todos los intentos revolucionarios socialistas. Porque en todos aparecen propuestas falsificadoras que tratan de extraviar el camino, y esos ataques sólo se derrotan con la discusión abierta. El camino al Socialismo está lleno de discusiones sin miedo y sin cortapisas.

Estamos empeñados en hacer una Revolución en un país muy especial, se trata de un país rentista donde la riqueza y la conciencia no se irradian desde la misma fuente. Realidad muy importante porque nos exige gran esfuerzo teórico de adaptación de las verdades revolucionarias universales a nuestras circunstancias y a nuestro tiempo.

El reto es cómo ser originales sin perdernos en el abismo de la improvisación necia. Cómo ser únicos manteniendo la esencia revolucionaria que viene enriqueciéndose por siglos.No hay otro camino, es necesario estudiar y discutir.

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!

¡Irreverencia en la discusión, fidelidad en la acción!

12.1.07

TRES GOTAS DE UN MISMO MANANTIAL

El camino de la Revolución está cementado con lo mejor de lo humano, allí los heroísmos se confunden con los martirios en una misma vocación: la lucha tenaz por la redención del humano.

Los revolucionarios debemos siempre, reflejarnos en el sendero de la historia para nutrirnos de ejemplos, de enseñanzas, y de la energía integradora que viene del principio de nuestra nacionalidad.

Es esencia de la lucha de los Pueblos recomponer a la sociedad, y esto no es posible sin recuperar la memoria, unificar las luchas, reconocer enemigos y abrazar aliados.

Fueron vanos los intentos de la oligarquía por fragmentar nuestra historia, por hacerla inocua.

Fechas llenas de lecciones abundan en la historia Patria y continental. El diario VEA, en sus sección de efemérides, nos ofrece al 10 de Enero como uno de esos días donde brotan cátedras de lucha. Veamos.

El 10 de Enero de 1827 Bolívar entró en Caracas, venía a combatir las intenciones separatistas de la oligarquía valenciana, y los extravíos del General Páez. El 10 de Enero de 1860 asesinaron a Ezequiel Zamora. El 10 de Enero de 1924 fue asesinado, en México, Julio Antonio Mella.

Debemos preguntarnos ¿qué une a estos tres sucesos, aparentemente separados en el tiempo y aislados en la historia?

Son hitos, de la misma lucha por la redención del humano, de la batalla incesante contra las oligarquías que siempre se resisten al avance de los Pueblos.

Bolívar fue víctima de la oligarquía mantuana que supo capturar el alma de próceres ambiciosos, Páez uno de ellos, el Comandante Chávez se encargó de recordarnos la traición del “Taita”.

Zamora, triunfante, al frente de los guerreros que continuaban la obra que el Libertador dejó inconclusa, cae también bajo la infamia oligarca. Una bala pospuso el sueño.

Julio Antonio Mella, un muchacho militante de las ideas que adentraban al continente en los nuevos siglos, un luchador contra las dictaduras, pero sobre todo, un innovador de las teorías de liberación. Padeció la garra larga de las oligarquías del continente y fue asesinado en Méjico. Era cubano, o mejor digamos, era un revolucionario, es decir, pertenecía a esa gran Patria que no acepta más fronteras que las de la posición en el campo de batalla por la redención del humano, y a la que pertenecen todos los capaces de temblar de indignación frente a la injusticia. Él estaba del lado de los humildes, del lado de los Pueblos, era nuestro hermano.

Los tres sucesos son parte de la misma batalla que se desarrolla desde el inicio mismo de la nacionalidad, es la misma batalla que dio Bolívar en todo el continente, porque entendía que la oligarquía traspasa fronteras y se une cuando de defender sus privilegios se trata.

Una batalla que hoy continúa aquí en Venezuela, de la que somos parte y en la que estamos obligados a triunfar.

¡Construyamos el Socialismo, no hay excusas!

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!

PARTIDO UNICO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL.

El Comandante ha puesto en el centro de la discusión la formación del Partido Único Socialista. Para analizar el asunto lo primero que debemos hacer es establecer sus relaciones con otras materias fundamentales de la Revolución. Veamos.

El partido tiene relación con la función que le otorguemos. Ya el Comandante ha explicado que el MBR tenía una función clandestina, así lo ameritaba la tarea revolucionaria en ese momento, después el MVR, tuvo una función eminentemente electoral, y la cumplió muy bien, de allí salió invicto.

La pregunta que ahora surge es cuál es el papel del partido único, qué lo hace necesario, qué lo diferencia del MVR, cuales son las nuevas funciones y la nueva morfología que lo adapta a esas funciones. Busquemos respuestas.

La Revolución llegó a un punto donde es necesario romper con el sistema de consulta de la voluntad popular, propio de la oligarquía y con la estructura política que le es consustancial.

Las elecciones de la oligarquía eran (son) una forma de consulta popular precaria que no integran a la sociedad, se limitan a una manifestación de voluntad fugaz que se esfuma en el instante que lleva votar. Después no queda nada.

La oligarquía, hábil en su engaño, nos hizo creer que la elección en primer grado es la más democrática, cuando sólo es una manera de escamotear la organización del Poder Popular.

Por supuesto, que a ese tipo de consulta oligarca corresponden partidos que son simplemente maquinarias electorales.

La Revolución necesita otro método de consulta, de participación, y por tanto de organización política, hacia allá nos lleva la proposición del Comandante.

Siendo así, la construcción del partido único, debe ir acompañada de la construcción de un nuevo tejido político y social. Dicho de otra forma, partido y organización social están fuertemente relacionados.

El tejido social se esboza en los Concejos Comunales, nos resta construir los niveles que los complementen: instancias municipal, estadal y nacional, electos desde los concejos comunales de base, escalonadamente hasta la instancia nacional, que será parte de una nueva Asamblea Nacional.

La organización política de la sociedad debe tener estructura similar a los Concejos Comunales, pero diferentes objetivos y diferentes funciones. Serán funciones de formación y conducción política, nunca de administración, no postula candidatos, debe ser referencia moral revolucionaria, sus miembros serán los últimos a la hora de los privilegios, y los primeros a la hora del deber y del sacrificio. Dicho en pocas palabras, la organización política revolucionaria debe ser territorio para la formación del hombre nuevo.

Ahora bien, la sociedad así organizada, política y administrativamente, tiene su raíz económica en la propiedad social de los medios de producción, y su fundamento ético, en la conciencia del deber social. Con esta nueva organización social estaremos dando un paso definitivo para la integración de la sociedad, yendo decididamente rumbo al Socialismo.

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!

AL PRINCIPIO…

Al principio fue la conciencia, y la conciencia se hizo Revolución, la esperanza se convirtió en posibilidad y empreñamos el camino.
No hay dudas, vivimos época de Revolución, que es lo mismo que decir, vivimos época de generación y concreción de ideas revolucionarias.
Tenemos, hemos construido, la oportunidad maravillosa y única de dirigir el destino, de ser dueños de nuestro futuro, y marcar rumbos al continente y al mundo.
No podemos fallar, no nos está permitido.
Entramos en una etapa crucial, donde lo decisivo será la claridad de las ideas: la batalla se pierde o se gana dependiendo de las ideas, ellas serán las armas.
Hay una idea que es básica, que es fundamental para tener éxito en la faena de crear nuevos mundos:
La Revolución es, tiene como fin último, la integración, el rescate de la sociedad fragmentada por el capitalismo.
En otras palabras, es recuperar la relación amorosa de los humanos entre sí, y de estos con la naturaleza. O rescatamos las relaciones amorosas, o el capitalismo con sus relaciones egoístas acaba con la especie humana y con el resto de la vida del planeta. De eso no hay dudas, la afirmación es corroborada por la ciencia y por el pensamiento de los más lúcidos.
Recuperar la relación amorosa es la misión de la Revolución Bolivariana, de la Revolución Socialista. No se puede ser Socialista sin tener como tarea este rescate. Ahora bien, cómo hacerlo, dónde está la viga maestra de la construcción que pretendemos.
La respuesta es categórica: No se puede construir el Socialismo sin sustituir la propiedad nosocial de los medios de producción y sin construir la conciencia del deber social. Expliquemos.
La sociedad está fragmentada porque tiene como fundamento ético y moral al egoísmo, porque su base económica también es el egoísmo, que no es otra cosa que el absurdo de la propiedad nosocial de los medios de producción. En otras palabras, el egoísmo en lo espiritual tiene como fundamento económico a la propiedad nosocial de los medios de producción.
Fácilmente comprendemos que la esencia de la integración social, es la conciencia del deber social, equivale a decir, la conciencia de la pertenencia a la sociedad, la conciencia de que la existencia del individuo está entrelazada con la existencia de la sociedad, que por ella y para ella existimos, que por ella somos uno, y para ella somos todo. Y esa conciencia no es posible mientras persista la hegemonía de la propiedad nosocial de los medios de producción, esto es, mientras el trabajo del hombre sea apropiado por otros hombres y no sea patrimonio de toda la sociedad.
La sociedad será cómo sea la relación entre los hombres, y la relación entre los hombres será como sea la relación de los hombres con el trabajo y con las cosas.
¡La batalla se pierde o se gana dependiendo de las ideas, ellas serán las armas!
¡Propiedad social para construir el Socialismo!
¡Conciencia social es Socialismo!


11.1.07

LOS LÍMITES DEL FUEGO

Las sociedades tienden a permanecer, conservarse, convivir. Las fuerzas que se oponen al cambio medran en los abismos del alma. Frente a ellas, las fuerzas y las ideas que impulsan a avanzar son meninas tenues en el firmamento de la imaginación, que esperan por Pueblos para transformarse en huracán constructor.

Si la condición de quietud, de miedo, prevalece, entonces, el hombre insiste en la fosa, atrapado por lo cotidiano que le impide soñar y construir.

Es así, la cultura hegemónica inculca la quietud, el viento suave, y desprestigia al huracán transformador. La Revolución es un milagro hecho por hombres del futuro, capaces de vencerse a sí mismos. No es labor de pusilánimes, esclavos inconcientes encadenados en miedos ancestrales.

En estos tiempos de Revolución Bolivariana, de posibilidades ciertas de salto del capitalismo al Socialismo, que es la Revolución más profunda que la humanidad ha emprendido en toda su historia, las anclas se tensan al máximo para impedir el avance, aparecen las mil y una excusas, las más variadas evasivas, toda suerte de disuasiones, todo para permanecer y para justificar ese permanecer.

Una de las principales tesis castradoras del cambio, es la posibilidad de hacer un trato con el capitalismo, y mantenerlo atado dentro de los límites de nuestra voluntad. De esta manera se planifican mundos como si de una receta de cocina se tratara: tanto de capitalismo, dos pizcas de Socialismo, dos cucharadas de empresas mixtas, tres terroncitos de cooperativas, medio kilo de nacionalización, un poquito de trueque, gotas de cogestión al gusto, bátase y llévese al horno. Y a los diez años estaremos en el Socialismo. ¡Que ilusos!

Se olvidan, los que así pretenden armonizar su rechazo al sistema capitalista con sus miedos al cambio, que el sistema capitalista tiene vida, se reproduce, coloniza mentes, tienta voluntades, se expande, acumula, desarrolla tentáculos que penetran las entrañas de la economía y de la mente, reclama nutrientes, en fin, el capitalismo es como el fuego que no reconoce más límites que su extinción.

Los sistemas híbridos, como el de la Unión Soviética, siempre han conducido a la hegemonía del capitalismo.

La lucha revolucionaria es por el avance de las formas socialistas y la extinción de las formas capitalistas, en algún momento pueden coexistir pero la tendencia es a extinguir el fuego capitalista, nunca a estimularlo pretendiendo convivir con él ilusionados con la ficción de poder mantenerlo bajo el control de nuestra voluntad.

No es camino revolucionario estimular formas capitalistas y el propiciar economías híbridas, que al final serán como cuervos que se comerán los avances socialistas, y los ojos de los ilusos.

¡Construyamos el Socialismo, no hay excusas!

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!

10.1.07

RADIO CARACAS, TEATRO DE DEFINICIONES

No es casual que el anuncio del Comandante de la no renovación de la concesión a Radio Caracas, haya creado tanto revuelo en la oligarquía nacional e internacional.
La iglesia oligarca brincó cual guardián que huele amenaza a sus intereses. Rosales, presto, ocupó su lugar en la rancia trinchera. Tinterillos menores aullaron con devoción. Hasta insulza, hecho el pendejo, deslizó sus comentarios cáusticos.
Pero, por qué tanto alboroto, por qué la jauría oligarca blandió las espadas como no lo hacía desde la Ley de Tierras.
La reacción es comprensible, la oligarquía sabe que lo de Radio Caracas es un terreno de confrontación definitorio. Allí se mostrará la postura de la Revolución frente a dos asuntos fundamentales: la propiedad y la espiritualidad. Veamos.
Por un lado, hay una definición en el campo de la conciencia, de la espiritualidad. El Estado revolucionario toma cuenta de su deber de defensor de los mejores valores de la sociedad. Al quitarle la concesión, descabeza a uno de los principales focos putrefactos creadores de conciencia del egoísmo, de la base espiritual del capitalismo, propagador de valores envilecedores del humano. La pugna de los oligarcas es por mantener esa casamata de bombardeo espiritual de la Revolución. Quitar la concesión es un triunfo espiritual de la Revolución.
Sin embargo, sigue pendiente otra batalla, la batalla por ampliar la propiedad social. Ahora el debate se traslada al qué hacer con la concesión: si pasa a ser propiedad social, es decir, propiedad de toda la sociedad administrada a través del Estado, o es otorgada a formas de propiedad nosocial, esto es, a una fracción de la sociedad que puede ir desde cooperativa, empresa mixta, o cualquier otra forma similar.
La solución será emblemática, aleccionadora, creadora de conciencia, he allí su importancia, sin duda influirá en el rumbo de la Revolución. Y la oligarquía lo percibe así.
Aquí se entabla una pugna entre dos corrientes con propuestas económicas contrapuestas:
Una, de influencia pequeño burguesa, propone propiedad nosocial de la concesión. Presenta su propuesta bajo una ficción de democratización del capital, o de dar poder a las comunidades, cuando en realidad lo que hacen es acribillar las formas socialistas, trocándolas por formas que son fundamento del sistema capitalista, que construyen formaciones económicas de propiedad parcial, que al generar intereses parciales necesariamente terminan enfrentadas a los intereses de toda la sociedad.
La revolucionaria propone la propiedad social de esa concesión, lo que significaría señalar un claro Rumbo Socialista.
Es propicia la ocasión para que el Estado abra un gran debate sobre el contenido de la programación de los canales. Allí en ese debate cabe la participación de las comunidades, los comités de usuarios, los concejos comunales, etc.
Sólo el Estado puede garantizar ese debate abierto. Sólo el Estado puede garantizar que los canales estén al servicio de toda la sociedad y no de un segmento.
¡Propiedad social para construir el Socialismo!
¡Conciencia social es Socialismo!

SISTEMA DE NECESIDADES Y SOCIALISMO

A un sistema social corresponden unos deseos, unas ansiedades, unas necesidades determinadas. Las necesidades, aunque varían con el tiempo, mantienen su esencia. En la evolución social sólo han cambiado las formas, no ha cambiado la esencia.

En todos los sistemas hasta ahora conocidos en la historia de la humanidad, la esencia fundamental de la necesidad ha sido el tener.

Esta perversión ha encontrado su cima en el capitalismo, donde se cumplió la esquizofrenia de traducir todas las necesidades a dinero y convertirlo en el Dios proveedor de todos los “teneres”.

En el capitalismo el dinero es el equivalente de todas las cosas, las materiales y las espirituales: el amor, el arte, la salud, la alimentación, todo es transformado en mercancía, y por lo tanto susceptible de ser trocado en dinero.

Se creó así, la ilusión de que el dinero puede satisfacer todas las necesidades espirituales y materiales, y se transformó en la última razón de toda actividad humana.

De allí que una Revolución es en esta época una sustitución radical de todo el sistema de creación y satisfacción de necesidades. Es suplantar un sistema donde las necesidades y su satisfacción están al servicio de acumular dinero, por otro sistema donde la creación y la satisfacción de las necesidades realicen al humano, donde no sea necesaria la creación de falsas necesidades, porque éstas surgirán naturalmente.

Siendo así, podríamos caracterizar una sociedad por sus necesidades y la manera como esas necesidades son satisfechas. En otras palabras, cuáles son y cómo satisface las necesidades, en qué invierte su riqueza esa sociedad, pero:

¿Cómo hacer para medir los deseos de una época?

Ya dijimos que en el capitalismo la principal necesidad es el dinero, con el dinero se cubren, aparentemente, todas las demás necesidades, entonces, el gasto del dinero será una aproximación a las necesidades y a la forma como las satisface la sociedad.

Ahora bien, en Venezuela, si analizamos los dólares gastados en importaciones, tendremos una aproximación a las necesidades y a su satisfacción.

Cadivi nos dice que se otorgaron el año pasado 2.690 millones de dólares para vehículos, 4.750 para tarjetas de crédito, 5.823 en efectivo para viajes. Tenemos entonces una buena fotografía de nuestro sistema de creación y satisfacción de necesidades. Estudiemos, como ejemplo, al transporte.

Resolvemos el transporte de forma individual, egoísta, y lo convertimos en una falsa necesidad de valorización social: “valemos por el carro que tengamos”.

El consumismo demencial, que surge de la satisfacción de falsas necesidades y que es la base de la acumulación de dinero, nos lleva a la depredación del planeta y del humano. Como dijo el Comandante: Es el camino al infierno.

De tal manera que es de vida o muerte que la sociedad sustituya la creación de necesidades y la manera de darles solución. Eso sólo es posible con el Socialismo, o mejor, eso es el Socialismo.

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!
¡Sólo el Socialismo salva a la humanidad!

EL SOCIALISMO QUE MUERDE

Si “la batalla es de ideas”, entonces palabras y conceptos son los instrumentos y los escenarios de la contienda. Luchador que no sepa dónde y con cuáles armas hacer su campaña, está destinado inevitablemente al fracaso. Expliquemos.

Las palabras tienen un contenido, que en unos casos lo da la realidad y en otros la imaginación. De allí que las palabras pueden tener dos grandes utilidades. Una: sirven para expresar la realidad. Así, cuando decimos perro estamos dándole un contenido real que todos entendemos. Otra utilidad: sirven para expresar una ficción. En este caso cuando decimos perro puede que queramos manifestar cualquier otra cosa, desde “perro caliente” hasta una casa editorial a la que le pusimos ese nombre. Entonces, las palabras pueden tener dos contenidos, la realidad y la ficción. El perro de la realidad, el que muerde, y el perro de la ficción, el que no muerde, el que no es real. Los dos se señalan con la palabra perro.

En Revolución, si nos guiamos por palabras cuyo contenido sea ficción, corremos el riesgo de construir un mundo que sólo existe en nuestras mentes. Por decir huracán, no aumentan los vientos.

La batalla de ideas se está dando principalmente vaciando el contenido de las palabras y llenándolas de deformaciones, trivialidades y ficciones. Es así, que la hermosa palabra Socialismo pasó de significar “amaos los unos a los otros”, a significar cualquier cosa que se le ocurra a cualquier persona. Y la palabra Amor se decoloró hasta quedar vacía, para ser sustituida por cualquier absurdo salido de lo más sórdido del reggetón. El estudio de lo que expresan las palabras y los conceptos es asunto de especialistas, nosotros vamos a estudiar el fenómeno desde la política y la importancia que tiene para la marcha de la Revolución. Se puede precisar una época por las palabras que caracterizan el torneo político.

En la Venezuela de hoy el paisaje lo ocupa una palabra: Socialismo. Alrededor de ella se entrelaza todo la pugna política. El Comandante tiene el mérito de haber colocado la batalla en el futuro, en lo grande, en lo trascendente.

La batalla de ideas alrededor de la palabra Socialismo, se da entre el contenido real y el contenido ficcional. Al igual que la palabra perro, la palabra Socialismo puede tener dos significados: el Socialismo que muerde y el Socialismo de la ficción. El Socialismo verdadero, el de la realidad, el que muerde, nos conduce por un camino de redención, y el otro, el de la ficción, nos conduce a un mundo que sólo existe en nuestros espejismos, del que regresaremos cuando la realidad nos de un mazazo.

Para la Revolución Bolivariana es imprescindible, urgente, precisar el contenido del Socialismo de verdad, el de la realidad, el que muerde, y derrotar la ficción de Socialismo que nos pierde.

¡Sólo el Socialismo salva al pueblo!
¡Chávez y Fidel son Socialismo!

LA PROPIEDAD EN LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

La esencia del Socialismo es restituir las relaciones amorosas entre los humanos, y de éstos con su entorno. Es integrar la sociedad que ha sido fragmentada.

La descomposición de la sociedad se debe a siglos de sistemas que permiten la apropiación del trabajo, que es de todos, que es de la sociedad, por parte de una fracción de la misma. Este robo social se realiza usando como fundamento, como “pistola económica”, la propiedad nosocial de los medios de producción, y una espiritualidad, una conciencia, egoísta, fragmentadora, que justifica el atraco y lo perpetúa.

Entonces:

La lucha por el Socialismo es en esencia la lucha por restituir la hegemonía de la propiedad social de los medios de producción, junto a la hegemonía de la conciencia del deber social. Es decir, los medios de producción deben volver a ser propiedad de toda la sociedad, y los individuos deben adquirir conciencia de que su suerte esta ligada, se realiza, a través de la suerte de la sociedad.

Podemos afirmar, rotundamente, que no es posible construir el Socialismo sin la hegemonía de la propiedad social de los medios de producción.

Se comprende que los oligarcas centren aquí sus ataques contra el Socialismo.

La lucha contra la formación de la conciencia del deber social, la desarrollan a través del estímulo a valores individuales, egoístas. Los siembran desde la infancia, y se valen de los más variados medios, desde la escuela hasta la televisión. Todo el día estamos sometidos a una lluvia de valores morales que apuntalan la fragmentación social y justifican la guerra de todos contra todos.

La lucha contra la hegemonía de la propiedad social de los medios de producción, la hacen de manera más solapada. Ellos saben que es allí, en la economía, donde en última instancia se decide el rumbo del proceso, y es allí donde ponen en juego todas sus artimañas y habilidades.

La necesidad de la hegemonía de la propiedad social de los medios de producción, no es un capricho de ultraizquierdistas, se trata de que el Socialismo no es posible sin esa forma de propiedad.

Se deduce, que el debate que se avecina tenga como fundamento la definición de la forma de propiedad hegemónica. La tarea no es fácil, existen muchos atajos para extraviarse.

Procesos revolucionarios han sucumbido a la tentación de buscar formas que falsifican a la propiedad social, para terminar en un eterno ritornello al capitalismo.

Después que el Comandante anunció la profundización del camino al Socialismo se revolvieron todos los argumentos, afeites y disfraces, para tratar de atrapar la economía dentro de la camisa de fuerza de la propiedad nosocial, capitalista, de los medios de producción. Es así que abundan las declaraciones proponiéndonos mil y un extravíos, menos avanzar hacia la propiedad social.

¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!
¡No es posible el Socialismo sin hegemonía de la Propiedad Social!

¡No es posible el Socialismo sin hegemonía de la Conciencia Social!

FRATERNIDAD Y LUCHA DE CLASES

CON INSISTENCIA SE ACUSA A LA REVOLUCIÓN y al Comandante de ser propiciadores de odio entre hermanos, de disgregación de la sociedad, de sembradores de la discordia, de propiciadores de la lucha de clases ¿Qué hay de cierto en esto? Veamos.
La sociedad tal como la conocemos está dividida en clases, y esta división no es capricho, ni voluntad de los humanos, es producto de las relaciones económicas, sucede más allá de los deseos. Ahora bien, la sociedad dividida, vive en una constante lucha de clases. Las clases marginadas, excluidas, explotadas, expresan su desacuerdo, su incomodidad, su rebeldía, de formas diversas, desde la delincuencia, la pugna por los salarios, las manifestaciones populares, las canciones, hasta el arte, la filosofía, etc.
Cuando esa lucha de clases se eleva a una pugna por tomar el poder, y desde allí desarrollar los distintos proyectos de sociedad, de nación, entonces, la lucha de clases se hace política. Y, si producto de esa pugna política, se produce un desplazamiento de las clases gobernantes que se apropiaban de la riqueza social, entonces se abre un período donde hay posibilidades de desarrollar un proyecto de país distinto, se habla, en este caso, de un período revolucionario.
En Venezuela, con la llegada al poder del Comandante Chávez se abrió un período revolucionario. Se comprende que la lucha de clases siempre ha existido, sólo que ahora se expresa políticamente, con la posibilidad de imponer un proyecto de sociedad distinto al proyecto expoliador capitalista. Analicemos los proyectos en pugna.
Por un lado, está el proyecto capitalista globalizador impulsado por el imperio, que tiene su mejor ejemplo en el tratado comercial con México, creador de tales niveles de miseria, que hace necesario la construcción de una moderna muralla china que aísle a los Estados Unidos de los miserables que su sistema ha creado.
Por otro lado, está el proyecto del Socialismo Bolivariano y Cristiano que propugna el Comandante Chávez. Un proyecto que busca integrar a la sociedad, reconstruir las relaciones sociales en base al amor, construir una sociedad donde nadie se apropie de la riqueza que pertenece a todos, que nadie viva en la opulencia a costa de apropiarse de la riqueza social, que nadie quede excluido, en resumen, que el hombre deje de ser lobo del hombre.
Queda claro que el proyecto revolucionario, es un proyecto de verdadera paz, la paz con justicia. Un proyecto de inclusión, que no discrimina a nadie, donde tienen cabida todos los que quieran colaborar en la construcción de un mundo donde el individuo deje de ser un huérfano en un desierto de egoísmos.

¡La Patria es el Socialismo!
¡Con Chávez construimos la Sociedad del Amor!
¡¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!!

¡PUEBLOS!

Después de establecida La Gran Colombia, El Libertador enfrenta una decisión, ir al sur para expulsar definitivamente a los españoles del continente, o permanecer en territorio grancolombiano consolidando la nueva nación.

Sabía Bolívar, que la libertad de la naciente patria dependía de la construcción de un polo de naciones que participara en el equilibrio geopolítico mundial, que no era posible la existencia de naciones aisladas sin que fueran subyugadas por los imperios existentes. Pero dudaba. Sabía también que la patria nueva reclamaba sus esfuerzos, había tareas inconclusas, los espectros infames rondaban su criatura.

Tomo una decisión, se fue al sur. Bomboná, Quito, Junín, el Perú, sintieron el huracán guerrero y libertador, Lima conoció de sus amores, Bolivia, su Bolivia, presenció la grandeza del estadista y visionario… Pero no todo era gloria, del norte, de su Gran Colombia, bajaba el viento pestilente de la mezquindad. Ayacucho cubrió de gloria a Sucre, y también mostró en toda su vileza a la nueva oligarquía que retoñaba en el suelo de Caracas y Bogotá. El Congreso había ordenado a Bolívar, al Libertador de medio continente, al constructor de la nación donde ellos vivían, o deberíamos decir reptaban, ese Congreso, había ordenado, tuvo la osadía de ordenarle, que dejara la jefatura del ejército. Comenzaba la felonía que terminó en San Pedro Alejandrino y en la disolución de la Gran Colombia. El sueño fue postergado. Bolívar, sucumbió, no frente a las poderosísimas fuerzas del imperio, sino frente a la ruindad que retoñaba a sus espaldas. ¿Qué falló? ¿Por qué los triunfos se transformaron en tragedia?

Una revolución es una contradicción entre la grandeza que demanda el compromiso, y la pequeñez arrastrada del pasado. Es una contradicción entre el águila y la mosca. Siempre será así, el vuelo alto, los sueños elevados, los saltos al futuro, son acechados por la infamia que se quiere superar. El pasado nos envía heraldos sombríos para contaminar la obra de los grandes.

Derrotar el pasado para construir el futuro, no es posible sin la sociedad. Los individuos liberan, conducen la liberación, pero su consolidación sólo se logra si los pueblos superan la conducta egoísta del pasado y construyen, entre todos, la nueva moral y la nueva ética, la vigilancia revolucionaria, la defensa revolucionaria de los logros. Entonces, la falla estuvo, diría Simón Rodríguez, en que El Libertador dejó tras de sí a hombres, no dejó a pueblos. La revolución es obra de sociedades concientes, de la vigilancia que sólo puede ejercer el colectivo.

El soporte vital de una geopolítica revolucionaria es la construcción, en las zonas arrancadas a la influencia del imperio, de conciencia revolucionaria; es la construcción de pueblos de los que no se pueda “abusar de su credulidad”.

¡Solo el Socialismo salva al pueblo!

¡Chávez es socialismo!

4.1.07

LA ARENA

Había una vez una institución que necesitaba saber cuantos granos de arena contenía una playa. La información se usaría en la propaganda turística. Las altas autoridades encomendaron la misión a cuatro funcionarios.
El primero, muy hacendoso, se trasladó de inmediato a la playa, se tiró al suelo y comenzó, con la ayuda de una lupa, a contar granito, por granito. En ese menester anda. Esta es la actitud del pragmático.
El segundo, se fue para su oficina y desde allí imaginó la playa, elaboró poemas, escribió tesis sobre la relación anfibológica del sexo de los ángeles y el sexo de los granitos, dictó conferencias, participó en congresos, fue jurado en eventos, todo relacionado con la arena, se convirtió en arenólogo. Ahora está tan ocupado con estas actividades que le queda poco tiempo para contar los granitos. Este es el modo del intelectual idealista.
El tercero, nombró una comisión encargada de elaborar un proyecto para contar los granos con la mayor eficiencia posible. Esta comisión pidió oficinas para desplegar sus planos y diseñar equipos de medición de granos, solicitó las consabidas Lap top y los infaltables teléfonos celulares. Después luchó para que a la comisión la pasaran a Dirección, luego a Gerencia, lo último que se supo es que plantean su pase a Ministerio. Estamos esperando que tengan tiempo para contar los granitos, ellos dicen que no pueden arrancar hasta que se defina en el alto gobierno a cuál ministerio estarán adscritos. Este es el esplendor burocrático.
El cuarto, fue a la playa, contó los granos que caben en un milímetro cúbico, calculó con ayuda de la matemática el volumen total de la playa, multiplicó una cosa por la otra, y obtuvo, con un tolerable error, el número de granitos. Hizo un informe de una página y pidió otra tarea. Este es el camino revolucionario-científico.
La historia es útil. Viéndonos reflejados en estos ejemplos, comprenderemos mejor nuestra labor y diagnosticaremos las desviaciones en el trabajo. Repasemos las posturas.
Pragmáticos, son los que piensan que el conocimiento sólo se adquiere en la práctica, no son capaces de resolver estrategias, sólo tareas muy simples. Desprecian la teoría, esa es su desgracia.
Los idealistas, desechan la realidad y ven como única fuente de conocimiento al intelecto. No resuelven problemas reales, son fatuos.
Los burócratas, les interesa sólo la forma, nunca el contenido, el trámite es lo fundamental, las consecuencias no importan.
El científico revolucionario, busca el conocimiento en una sabia combinación de la práctica con la teoría. Sabe que el conocimiento práctico sin el complemento de la teoría es inútil, por eso, prestigia la lectura y el pensamiento tanto como ir a la realidad.

2.1.07

VOLVERSE CAPAZ

LOS REVOLUCIONARIOS NO HEMOS SIDO CAPACES DE SER REVOLUCIONARIOS. Nos hemos dejado vencer por la cultura de la dominación, no hemos sabido enfrentarla, tenemos una suerte de complejo que nos frena. Es necesario volvernos capaces de ser revolucionarios. Veamos.
La Revolución es en esencia la lucha contra la cultura de la dominación.
El Libertador percibió ese peligro y nos dijo: “moral y luces son nuestras primeras necesidades”. Pedía otras luces, las de la rebelión frente a la monarquía, y pedía otra moral, la moral que lo hizo decir en Bolivia que la peor infamia era la esclavitud. Es decir, “moral y luces” resume la necesidad de otra cultura, la cultura de la liberación.
Bolívar aceptó su derrota cultural en San Pedro Alejandrino, cuando, a pesar de triunfante en mil batallas militares nos dice: “Colombianos han abusado de vuestra credulidad”.
Hoy en Venezuela la cultura de la dominación se cuela por todos lados, y nosotros, en aras de una unidad que esteriliza y no beneficia a nadie, callamos el necesario debate, dejando que la Revolución, lejos de entablar la batalla cultural, aliente los valores de la dominación, sofrene los valores de la liberación. Perdemos así la batalla cultural, que es lo mismo que decir, dejamos escapar la oportunidad revolucionaria.
Un ejemplo es la consigna de: “Venezuela es de todos” consigna que enmascara el motor de la Revolución: la lucha de clases.
Venezuela todavía no es de todos, estamos luchando para que sea de las mayorías humildes y trabajadoras, y deje de ser de las oligarquías que desde la hora del Libertador se han apoderado de las riquezas y el trabajo nacional.
Integrar a la sociedad, pasa por una profunda lucha de clases. Para integrar a la sociedad es necesario acabar con el origen de la fragmentación social, con la posibilidad de que una pequeña fracción se apodere de la riqueza que pertenece a toda la sociedad. En otras palabras, para unir a los hombres es necesario acabar con las relaciones sociales que los desunen, y para acabar con esas relaciones sociales disociadoras, es necesaria una Revolución, que no es otra cosa, que una profunda lucha de clases. Recalcamos, la Revolución no se dirige contra los hombres, es una lucha profunda contra las relaciones sociales que los desunen.
Hace falta que los revolucionarios emprendamos una gran campaña por la resocialización de la sociedad, por recomponer a la sociedad que el capitalismo ha fragmentado en egoísmos. Es importante que elevemos la conciencia de pertenencia a la sociedad. Que rescatemos los valores de lo social frente a los valores del egoísmo. Que el individuo espere de la sociedad, pero también se deba a ella.
Es bueno recordar, que los cambios culturales, los cambios en la conciencia y en el espíritu deben entrelazarse con los cambios en las relaciones económicas. Un Pueblo que trabaja para sí mismo, es un Pueblo, es una sociedad que va camino de su resocialización.
¡¡Rodilla en tierra con Chávez y el Socialismo!!

LA ÚLTIMA BARRERA… EL ALMA

ES EN EL ALMA, O EN LA CONCIENCIA, O EN LOS VALORES, que vienen a ser diferentes niveles de la misma esencia, es allí, repetimos, donde en definitiva se decide la suerte de las revoluciones.
En las primeras etapas de una Revolución, la del enfrentamiento físico, cruento, efervescente, todos los revolucionarios somos iguales: la fraternidad es la reina, la solidaridad su expresión, el amor surge volcánico, el triunfo de uno es el triunfo de todos, los combates los ganamos todos o los perdemos todos, la miseria se confunde con las posibilidades. Son los días de la pasión.
Luego, en la etapa fundacional, cuando las decisiones deciden el rumbo de la Revolución, la restauración ataca desde lo profundo del alma de cada revolucionario. Aconseja acomodo, su arma son los valores de lo viejo, que se disfrazan de retórica del futuro, y como una especie de humo sutil, pero poderoso, silencioso, insidioso, lento pero efectivo, poco a poco va tomando cuenta de la conducta de los revolucionarios, poco a poco va sustituyendo las normas éticas, poco a poco se afirman los valores que hicieron posible lo viejo.
Es en este punto, cuando a la Revolución le llega la hora de la vital lucha. Es preciso que los revolucionarios se arranquen del pecho los valores de lo viejo, que lo infectan todo como un virus. El proceso es doloroso, es algo así como amputar una parte de nosotros mismos.
El precio de no hacerlo, es la restauración. Una Revolución no es posible sino se funda sobre nuevos valores éticos, y nuevas conductas guiadas por esos nuevos valores. Es en este punto cuando la batalla de ideas adquiere importancia vital, es aquí cuando es necesario afincar la lucha ética, llevarla con exageración a todos los detalles, a todos los instantes de la vida revolucionaria. En esta etapa no hay pequeñeces, la Revolución se decide en un dejar pasar, en una lechuga, o en una bicicleta, como lo entendió el Che.
Las decisiones son los campos de batalla de la ética. Cuando tomamos una decisión, lo que hacemos es expresar nuestros valores éticos. Cuando un funcionario se decide por un tipo de carro y no por otro, allí se entabló una batalla ética entre lo nuevo y lo viejo. Cuando decidimos contratar a uno y no a otro, la batalla se da en lo profundo de nuestra alma, y las armas son los valores.
Los revolucionarios debemos estar atentos a esta batalla: si empezamos a percibir malos olores que antes no sentíamos, si alguna arruga en el traje nos perturba, si el héroe de ayer, hoy nos parece un malandro, si se asoman necesidades que no nos pertenecían, entonces, es hora de revisarnos a fondo, sacar del arsenal revolucionario nuestras mejores fuerzas morales, nuestra mejor condición autocrítica, y hacerlas entrar en combate.
No olvidemos que la suerte de la Revolución depende de la moral de sus líderes.