30.11.09

LA ESTRATEGIA SALVA

La grandeza de un pueblo está en relación directa con la grandeza de su estrategia, de su sueño, de su visión larga. Sólo un pueblo grande es capaz de acciones trascendentes, de fundar mundos, de construir el Socialismo.
Esto lo saben los oligarcas, y basan su dominación en la vista corta del pueblo sometido: lo confinan al inmediatismo individual, a la recompensa rápida, a la migaja, a la solución egoísta. Intentan que la lucha por la sobrevivencia, por subsistir en la terrible situación de miseria, sea el centro de la vida, la castran de todo vuelo alto, de todo sueño, así lo condenan a la esclavitud perpetua.
Prestigian el estómago, desprecian al corazón. Sólo aprecian la táctica, olvidan la estrategia.
En situación de Revolución, la superación de la visión corta, del “tacticismo” es vital. El enemigo oligarca intenta que el pueblo no levante la mirada, que no tenga corazón, que no construya estrategia.
Así, la oligarquía intenta que los instrumentos con los que el pueblo analiza a la realidad sólo capten lo inmediato, su entorno, el día a día. Únicamente se importe por la superficie de los problemas, no los relacione con el sistema. De esta manera, la seguridad no tiene relación con la economía, con la moral que ésta genera, la basura es un problema del alcalde, nunca del sistema derrochador y consumista, si la electricidad falla, la culpa es del gobierno, no del despilfarro absurdo. Nunca el análisis alcanza al sistema, que permanece protegido en la ausencia de estrategia, de visión profunda.
Luchando sólo en la táctica, el alma se empequeñece, se arruga, se conforma con lo mezquino: un asfaltado oportuno la puede hacer cambiar de opinión, un plato de lentejas puede ser el precio para entregar a un prócer.
Los revolucionarios no pueden caer en esta trampa, confinar al pueblo a lo pequeño, podrá dar resultados inmediatos, pero lo está preparando para que sea su propio verdugo, para que entregue la Revolución en una subasta.
El deber de los revolucionarios, es movilizar al pueblo por objetivos de grandeza, que entienda la magnitud de la tarea, que se sienta heredero de los libertadores. Convocarlo para la salvación de la especie, hoy en peligro real de extinción, mostrar las consecuencias del calentamiento planetario.
Convocarlo para la hermosa tarea de fundar mundo, de ser ejemplo para el resto de la humanidad, pare revivir el asombro de la Independencia, cuando el mundo conoció el genio del Libertador (El Paso de Los Andes aún se estudia en las academias militares del mundo). Pero se asombró sobre todo por la grandeza de la ideología bolivariana, que desde los confines de la civilización dictó cátedra de libertad al mundo.
Explicarle y explicarnos qué pasaría si dejamos este camino de transición hacia el Socialismo, si perdemos la esperanza, cómo los problemas se agudizarían, en qué miasma nos sumergiremos.
¡Chávez es Socialismo!
¡El Nobel para Los Cinco!

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